viernes, 23 de marzo de 2012

La memoria del golpe es la lucha del presente

¿Cómo se puede abordar un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976? ¿cómo se puede reflexionar sin caer en lugares comunes, sin cristalizar los hechos, sin congelarlos? ¿cómo se puede recordar, pensar, sin quedar encerrado en las repetición de las palabras que circulan una vez y otra por estos días?

Acaso una respuesta tentativa esté en la potencia del presente. Acaso el acento en las coordenadas históricas actuales, los diversos niveles de transformación de la sociedad son un punto de partida para honrar luchas pasadas y la memoria de los que no están.

Porque insistiremos una y otra vez: la obturación de los canales democráticos, las experiencias represivas, ilegales y concentracionarias; la muerte sistemática y calculada es el correlato de la imposición neoliberal. Lo siniestro y lo sórdido de la tortura sostiene la ley de reforma financiera de Martinez de Hoz, la caída de las protecciones arancelarias, el fin de la administración, acuerdo o cooperación entre capital y trabajo según la matriz del agonizante Estado de bienestar: acá comienza la primacía del capital extranjero y financiero y su avanzada es hacia el sector productivo y trágicamente al de los trabajadores.

El kirchnerismo y la refuncionalización del Estado promoviendo producción y valor agregado, aumentando el empleo, abriendo paritarias y convenios colectivos; el Estado expandiendo las fronteras de la protección social: esas son las marcas contundentes de un notable cambio de paradigma. Cambio que implica también dimensiones culturales: qué otra cosa es sino el sepultamiento del “no te metas” con tantos compañeros agitando banderas, trabajando en los barrios, organizándose, discutiendo. Síntomas de una sociedad que cree posible definir y debatir hacia dónde quiere ir y cómo quiere hacerlo, de una sociedad que se encuentra consigo misma a través de los otros, que de a poco repara el tejido social y la alegría de lo colectivo.

Por último. El camino estricto de la justicia y su marcha implacable. En nuestra ciudad  los juicios a los represores del V cuerpo, marca un hito cuya fuerza es difícil de dimensionar hacia el futuro, aun  cuando resta mucho por hacer (avanzar sobre los responsables civiles, por ejemplo) tiene la misma fuerza con la que Néstor descuelga los cuadros en la escuela de oficiales, la fuerza de lo dinámico, de la pelea, de la vida, del gesto que no se agota, del gesto cargado de futuro, el que condensa el país que soñamos. El que construimos día a día. Al que estamos yendo.

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